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Ocho

Para muchos un número cualquiera. Para nosotros, ese día inolvidable.  Pero es que no todos los ochos son iguales. El nuestro es un ocho evolutivo: un ocho que comienza formándose a partir de la unión de dos círculos desiguales. Círculo arriba, levanto el lápiz del papel, círculo abajo. Y listo. Como cuando un niño empieza a practicar en su cuadernillo el trazo de esta cifra, éste es inocente, sencillo, nada retorcido como esos ochos que se ven más adelante. La unión es sencilla, sin importarle a nadie el cómo, el dónde ni el cuándo: simplemente importa que dos círculos completamente extraños ahora suman ocho. Y todo lo que esa suma significa para ellos, más allá de lo que las convencionales matemáticas digan.  Pasa el tiempo, y su trazo se va perfeccionando: se van haciendo expertos en esto de quererse, de unirse y de entenderse. Sin llegar nunca a perder su carácter individual de círculo, ahora el trazo lo marcan juntos. Apoya el lápiz en el papel, empieza desde arriba, y no lo lev…

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